Decidir: Porque no decidir también es una decisión
- Fabiola Passariello

- hace 14 horas
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Muchas personas dicen que están confundidas, que no saben qué hacer o que necesitan más tiempo. Pero hay una verdad que libera cuando se comprende:
No decidir también es una decisión.
La diferencia es que, cuando no decides, le entregas el timón de tu vida a la inercia, al miedo o a los demás.
Decidir no es estar segura, es estar presente
Nos enseñaron que hay que estar 100% seguros antes de elegir. La realidad es que la decisión no nace de la certeza absoluta, nace de la presencia contigo.
Decidir es decir: “Esto es lo que hoy puedo elegir desde donde estoy”. No es una promesa de eternidad; es asumir la responsabilidad de tu momento actual.
El alto costo energético de la indecisión
Cuando postergas una decisión, tu energía se dispersa y tu mente se satura. La indecisión sostenida no es neutral; tiene consecuencias físicas:
Cansancio mental: El cerebro gasta energía manteniendo escenarios abiertos.
Ansiedad: La sensación de estar "suspendida" alerta al sistema nervioso.
Estancamiento: La falta de dirección detiene tu flujo vital.
Vivir en pausa agota más que caminar, incluso si el camino es difícil.
El miedo disfrazado de espera
A veces no es falta de información, es miedo a elegirte. Miedo a:
Equivocarte.
Incomodar a otros.
Perder algo o decepcionar.
La espera prolongada no siempre es sabiduría; a menudo es solo miedo con una buena excusa. Mientras esperas el "momento perfecto", la vida sigue pasando.
Decidir regula tu sistema nervioso
Cuando finalmente tomas una decisión, algo profundo ocurre en tu cuerpo: el sistema se ordena. Al elegir, le envías señales claras a tu biología:
Claridad: El ruido mental disminuye.
Dirección: La energía se enfoca en un solo punto.
Cierre: El cuerpo entiende que "ya no estamos en pausa".
Elegir no es controlar el resultado
Decidir no garantiza que todo sea perfecto, pero garantiza algo esencial: 👉 Te estás posicionando como la adulta responsable de tu vida.
Lo que desgasta no es decidir mal (porque siempre puedes corregir el rumbo), lo que realmente drena es no decidir nunca.
Pequeños movimientos, grandes cambios
No todas las decisiones tienen que ser gigantes. La coherencia interna se construye con elecciones simples:
Decir "no".
Cambiar un hábito de ritmo.
Pedir ayuda.
Empezar hoy mismo algo pequeño.
Conclusión: La vida te pide presencia
Cuando decides desde la conciencia, incluso si hay miedo, tu energía se ordena y el camino se revela paso a paso. Hoy puedes elegir distinto.
La vida no te pide perfección; te pide que estés al mando.
Que no te lo cuenten… VÍVELO.
Fabiola Passariello Especialista en medicina vibracional/frecuencial Acompañante en gestión emocional




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